Jueves, 13 de noviembre de 2014

Sufrimos una tremenda crisis no sólo económica, sino también de valores; y no se puede esperar solución alguna de nuestros dirigentes, que ya han demostrado que no tienen principios. La sociedad española sin el apoyo de los valores morales y tradicionales anda desnortada, cercada por la injusticia, el trinque y la arbitraria corruptela.       

 La situación aquí no va bien por el terrible paro con su inquietud y malestar, por la ruina de las clases medias, por la porquería moral que salpica hedionda por doquier, sobre todo la mangancia; la penuria constriñe a muchas familias hacia los umbrales de la pobreza, los niños desnutridos hieren el corazón de los padres y encogen el alma social, mientras los vivillos de los EREs y de los cursos de formación se embolsan los millones que llegan para los parados, los Pujol amasan fortunas inconcebibles, los monipodios de Bankia se pasean con sus tarjetas opacas y casacas de superlujos, a lo que se une la´púnica granatum´de ayer.         

Estos hechos son los que provocan los populismos, radicalismos y extremismos de regusto dictatorial; y de ese cultivo nacen esos ágiles estrategas que astutos captan la desconfianza y el asqueo del pueblo por sus políticos profesionales, desconocedores del bien común e instalados en la partitocracia corrupta que enciende el descontento, la rabia y la indignación por la ineficacia y el mal hacer y por el derroche y desbarajuste de las 'autonosuyas'. La irresponsabilidad de muchos que han robado la ilusión una y otra vez, al mostrar la disociación entre la ética y el poder, ha sido la razón del advenimiento del grupo político "Podemos", resultado evidente del desastroso actuar de esta panda de políticos españoles; entonces esos listillos vividores de la "res" pública entendieron que se les acababa el momio de la prebenda, el cargo y el carguete, el sueldazo, la poltrona, el móvil y el chofer: la pastizarra.        

Surgen pues, los salvadores que aprovechan la coyuntura política y social, redentores que ofrecen soluciones, aunque sean revolucionarias e irreales e irrealizables, que atraen a los descontentos. Montan su propia estructura y, con su admiración por dictatorzuelos iberoamericanos, presentan su ideología de extrema izquierda que entraña unas consecuencias muy peligrosas, ya demostradas en la historia. Un seguidor de Maduro no ofrece ninguna garantía, su andamiaje ideológico es una experiencia ya caduca que no ha traído más que sangre y muy negros resultados; ahí está la extraña frase: 'el cielo no se gana por consenso, sino par asalto'. En su radicalidad, dieron el zarpazo al presentarse a sus primeras elecciones y obtuvieron más de un millón de votos, ante la sorpresa general y, desde entonces, no paran de ganar adeptos, atraídos más por lo que rechaza, que por lo que propone.       

 El proyecto, para florecer, ha de ser aplicable a la realidad española, su programa ha de presentar viabilidad y credibilidad, no se puede venir con propuestas irrealizables y perjudiciales para la Nación: salir de UE, estatalizar las segundas viviendas, no pagar la deuda o poner sueldo a todo español; hay que proponer soluciones factibles y provechosas que acaben con lo desviado y perverso del sistema; no necesita España caminos periclitados de comunismo, ni un anarquismo asambleario que terminan en utopia, miseria y desencanto; con estos presupuestos no llegan a ningún puerto, por eso, tras sus congreso semanal, han aparecido con una organización de tipo casi tradicional, aderezada ya con su división interna de opiniones diferentes; los discrepantes díscolos avisan que no se apartarán a un lado, si pierden sus propuestas; no tienen intención de dejar el reciente partido en las manos exclusivas de P. Iglesias. No quieren un partido de corte clásico, con un solo secretario general, porque –dicen- “un movimiento integrador de una masa ciudadana multicolor y desencantada, harta de la manipulación de años, no se rige por el secretario ni es él el que gana las elecciones sino que las gana la ‘gente’".         

Ahora bien, se publica que tiene una intención de voto del 20%, eso indica que son muchos los votantes que le prestan su confianza, la que han perdido los partidos tradicionales. Y eso ya le ha hecho ir amainando, ya no gasta bromas, no habla de ignorar la deuda y de acabar con el capitalismo; tendrá que converger y entenderse con los mercados. Su talante y entramado programático cobra ya gran parecido a la socialdemocracia radical de nuevo aire. Se le nota cierto viso de responsabilidad de Estado y quizás tendrá que adoptar mucho más peso de seriedad y certidumbre, propios del que asume la enorme carga de gobernar una gran Nación. 

                                                         


Publicado por CamiloVMUDARRA @ 19:58  | Opini?n
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