En Londres, se han dado unas revueltas, no han sido disturbios raciales, ni políticos ni laborales. Londres es una megalópolis descomunal y cosmopolita, un remedo dela RomaNeroniana en pleno siglo XXI; allí se han ido agrupando en distintos barrios gentes de distintos sitios y colores, pero que no se integran ni lo intentan siquiera; forman guetos, siguen con sus lenguas y costumbres. No ha ocurrido más que lo mismo que en otras ciudades; es que se han desvanecido las teorías y las promesas de la izquierda, la oferta socialdemócrata se ha derrumbado; han muerto las ideologías del s. XX. A la gente, no se la adormece con subsidios y ayudas, que sólo producen vagos y gandules incapaces de reaccionar ante cualquier contratiempo. El vandalismo y la barbarie venían llegando, se acercaban sigilosos por las calles londinenses a lomos de la incultura, de la falta de educación paterna y escolar, lo cual fabrica futuros delincuentes, en definitiva la crisis de valores globales que campea en Europa. El que, hoy, con gran frecuencia miles de personas, en democracia o dictadura, salgan y se manifiesten hace pensar que algo está pasando, especialmente, cuando eso se convierte en algo corriente y habitual en muchos puntos del mundo. Estos movimientos sociales no parecen simples alborotos callejeros; reflejan un fenómeno socio-político de alcance que aún no ha recibido su definición histórica; pero es un hecho de mucha más gravedad de lo que creen los poderes públicos, los políticos y la gente en general.
No es un problema étnico ni multicultural. Lo sucedido en el Reino Unido es una cuestión socio-educativa, que es algo infinitamente más grave y que afecta a la construcción de las estructuras del Estado; y no es sólo local, es un mal europeo; las falsas teorías educativas de la socialdemocracia ha fracasado. El sistema educativo laxo, lúdico y vacío de contenidos crea niños veleidosos, abocados a la delincuencia; sin estudio y sin esfuerzo personal, sin disciplina y exigencia no hay resultados convincentes. Es cuestión de ignorancia, de incultura. Estos adolescentes han mostrado su mala formación y su indigencia educativa. Europa, además de la económica, sufre una galopante crisis de valores, por eso, no hay más que reconstruir los valores morales y sociales e invertir en educación, que los políticos escuchen a los expertos y se tomen medidas serias, incluso, radicales, porque cada día que pasa se convierte en una oportunidad perdida. Los líderes de Europa deben tomar nota, porque éste es nuestro futuro, si no se corrige esto con sensata rapidez, el porvenir es ineludible y negro.
Cameron, enérgico y brillante, lo ha explicado perfectamente: «Demasiados hijos nuestros han crecido sin ver jamás a su padre ni su madre ir a trabajar», y añadía: «El gran problema de nuestra sociedad es que muchos chicos crecen sin saber la diferencia entre el bien y el mal». Son los jóvenes inconsistentes, blandengues, delincuentes en potencia que andan sin principios, como los de Tottenham, los vemos en otros sitios, incluso aquí, son los mismos. La desgracia es transversal, como el talento y la gracia. Esperaban poder pasar por el mundo sin tener que trabajar. Se tragaron todas las iniciativas socialdemócratas sin sentido, en especial la más nociva de todas, la de los derechos adquiridos, pero sin inculcarles justamente los deberes ineludibles; lo realmente adquirido es lo que se obtiene por el esfuerzo y el estudio, los sanos hábitos y el trabajo, como es justo y necesario.
La política de recortes que traía el premier Cameron en estos tiempos de crisis ha soliviantado a la gente acostumbrada a vivir de la sopa boba del bienestar mal entendido y eso, sumado a un sistema educativo profundamente deficitario y devaluado, ha creado el caldo de cultivo del desastre de estos días, de ahí, al saqueo el paso ha sido corto; los héroes de esta juventud anárquica son los cantantes de rap y los vendedores de drogas; está claro que hay que cambiar el sistema de arriba a abajo. La gente está cansada de las palabras vacías, de las decisiones ineficaces de los gobiernos; demanda cambios políticos y económicos radicales. Muchas palabras y muchos gestos, pero todo sigue igual con bolsas de pobreza, de paro, de marginación social que afectan a millones de seres humanos. Por esto y por muchos más motivos, hay masas en las calles y las plazas de aquí y de allá, en este vacío mundo.
C. Mudarra