domingo, 03 de agosto de 2008

Obama viaja y avanza

Barack Obama, recibido en su visita europea, con gran expectación y trato deferente, ha llegado a Israel, donde ha expresado a las autoridades israelíes y palestinas, su "compromiso inquebrantable con la seguridad y su esperanza de ser un socio eficaz, para lograr una paz duradera en la región", al tiempo que condenó el ataque perpetrado por un palestino, en Jerusalén y a pocos metros del hotel King David, en que se aloja. “No hay excusas, añadió, para tales actos; es preciso trabajar de forma diligente, unida y urgente, para derrotar el terrorismo”.

El caso Obama, con su morral de carismático optimismo, ha convencido y avanza triunfante e imparable. Es un fenómeno relevante para la salud de cualquier sociedad y aún más en la estadounidense, marcada por el doloroso llanto de las luchas raciales. Barack y Hilary navegan por aguas que nunca han remontado un negro ni una mujer; todas las fiables expectativas de partida de la señora Clinton, a pesar de su experiencia y determinación personal, han quedado derrotadas por el mágico discurso del joven mulato, inexperto, pero arrollador. Su retórica elocuente, con su oferta de cambio y contestación, ha calado en los poros del tejido social, atraído por la propuesta de regeneracionismo idealista. Las decisiones del pueblo impredecibles son autónomas e inesperadas.

La incógnita de su Presidencia la aclarará en noviembre el voto, que viene hastiado y cansado del reciente pasado, por la atrofia paralizante de unos gobernantes anquilosados, hasta el hartazgo. Otra cosa será, el ejercicio del poder, que no lo podrá resolver su lírica fascinante y seductora. Gobernar exige tomar decisiones persuasivas y convincentes con coraje y valentía. Su éxito depende del cansancio de la sociedad norteamericana que pide, en sus cambios sistemáticos y propuestas ilusionantes, nuevos consensos, nuevas formas, modernas resoluciones.

Obama presenta su carisma y McCain, su carácter de líder. Con la masa popular, le ha servido el embrujo, el magnetismo expresivo y el lenguaje metafórico; con el sólido candidato republicano necesitará la prosa llana y la pragmática concreción. Para vencer a McCain, precisa un proyecto firme, un programa de consistencia inserto en la realidad. La lucha está planteada por la crisis financiero-hipotecaria, la energética y la reducción de impuestos; así como las relaciones con China, Europa y Rusia, más los problemas con Irán y los de Irak, principal punto de fricción en política exterior; Barack se opuso a la guerra y propone el repliegue de las tropas en dieciséis meses.

McCain, septuagenario, político conocido y héroe de guerra, representa un estereotipo tradicional, el modelo ideal del siglo pasado. Es continuista, se muestra contrario a la ruptura total con lo anterior; en el momento actual, no le favorece en nada su vínculo con la herencia Bush, que ha caído en total rechazo. En un intento de desligarse del impopular Bush, ha defendido su independencia, al calificarlo “hombre de políticas fallidas”. Pero, en realidad, se le ve muy cercano, votó a favor de la invasión de Irak, propugna el recorte de impuestos del actual gabinete, no está por la ratificación del Protocolo de Kioto, defiende el muro en la frontera con Méjico y se declara discrepante de la demanda homosexual. En verdad, todo esto puede ser su ruina. Y Obama, con sus cambios, quizás demasiado incisivos, ofrece un rumbo incierto y una capacidad inconsistente para gobernar.

Ambos candidatos son dos heterodoxos en sus respectivos partidos, compiten en edad, ideología y raza. Los separa la tradición y conservadurismo de uno; la novedad, la modernidad y la innovación del otro. Ahí están las claves de la derrota o del triunfo. Diferente cuestión será dilucidar, si el complot y el contubernio de los poderes ocultos lo permiten y consienten el desarrollo del devenir.

 

C. Mudarra



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