A LA MUERTE DE G. LORCA
Los caballos de nubes aterradas
relincharon rabiosos estertores,
al ver su sangre, abierta por traidores,
tintando las escarchas asombradas.
Los gitanos en fraguas desoladas
blandieron sus martillos vengadores,
y, llorando aquel crimen de impostores,
clamaron sus inquinas soterradas.
¡Ay qué terrible sangre de agria suerte!
¡Qué terrible su verso allí partido
ya sin rima ni voz que lo [...]
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