martes, 14 de marzo de 2006
I. OBLIGADO FANATISMO MUSULMÁN


El viaje anual a La Meca se convierte en un trágico y macabro suceso. Ayer, recogieron pisoteados más de quinientos muertos, hoy, han resultado destrozados y heridos casi seiscientos. Es un rito triste y tremendo en el que el previsible fanatismo ha de concienciar a los dirigentes a tomar medidas de seguridad y salvaguardar las vidas.
En La Meca se celebrado el ritual de castigo a Satán, que marca el primer día de la fiesta musulmana, de Aid al Adha, inicio del peregrinaje anual que finaliza con el sacrificio de innumerables corderitos para las cenas islámicas. Este rito obliga a lanzar siete pedruscos diarios en tres momentos del día, durante tres días, contra cada uno de los tres pilares en que, creen, se apareció Satán a Abraham, a su mujer y al hijo. Para castigarlo, le tiraron, en cada ocasión siete piedras. Y, según la tradición musulmana, Alá le pidió a Abraham el sacrificio de su hijo, no Isaac, sino Ismael, padre de los pueblos árabes, habido con la esclava Agar.
En la actualidad, el sacrificio satánico que permiten Arabia Saudí y la fe islámica a los peregrinos de La Meca no está en los rediles, sino en los desgraciados creyentes que caen y espiran, como tributo anual, baja las sandalias de las avalanchas de criaturas.
La doctrina de Mahoma, que surge tardíamente en pleno desierto, como resultado de un prurito personal, es el resultado de una componenda de la cercana religión judaica y otras influencias; fue el intento de plasmar una reforma de libros y textos sagrados anteriores al Corán. Así, el propio profeta asegura en sus “aleyas” que todo el contenido de la revelación que recibió de Alá, su Dios, le había sido antes desvelado a Abraham, Ismael, Isaac, Jacob, Moisés y Jesús. Al examinar las concordancias y las divergencias en el relato sobre Adán y Eva, entre la Biblia y el Corán, se constata que ambos textos coinciden en que las tentaciones de Satanás acarrearon su caída. Pero, frente al Génesis que cuenta la tentación de Eva por la serpiente, el Corán la centra en los dos, hombre y mujer, sin hacer referencia al reptil. Y en la Biblia, el Hijo, Víctima Propiciatoria, derrama su sangre, a causa del pecado original, en reconciliación de la humanidad con Dios, mientras, en el Corán, Dios no exige un sacrificio cruento del hombre para conceder la salvación y el perdón, sólo se reclama el sacrificio de animales.
Mahoma hubo de montar su mensaje sobre unas bases atractivas para captar adeptos, subyugar voluntades, y, refundidas las conciencias con incentivos, someter y dominar, Islam, curiosamente, significa Sumisión; la yihad o guerra “santa”, responde a la idea de expansión y conquista por el sometimiento. El musulmán no desciende nunca; no trata de comprender ni de condescender; no se integra, no deja nunca sus usos y costumbres, exigen con tesón y prepotencia que sean los otros los que se adapten a sus “derechos” y creencias. Por ello, lucha con denuedo en la guerra, entregando su propia vida o se inmola en ofrenda con las bombas en el pecho. Parte del argumento de que el Islam es la culminación de las otras religiones monoteístas, por lo que, en lugar de considerar su integración, los musulmanes han dibujado ya su proyecto de salvación de Europa y constituido una forma muy elaborada de presentar la actual crisis europea y el papel que el Islam puede tener en ella.

Camilo Valverde Mudarra



II. PROYECTO PARA SALVAR A OCCIDENTE


El musulmán parte del argumento de que el Islam es la culminación de las otras religiones monoteístas, por lo que, en lugar de considerar su integración, los hijos de Alá han dibujado ya su proyecto de salvación de Europa y constituido una forma muy elaborada de presentar la actual crisis europea y el papel que el Islam puede tener en ella.
Se urde particularmente incisiva y verosímil la relación de Occidente con el Islam. La idea es sencilla, intrigante y terrible. El mundo occidental ha perdido la fe. Esta civilización anda desasida de creencias, postrada en un atenazante estertor espiritual e mental. El Islam, piensan, ha de acudir a salvar Occidente del esclerótico camastro en que se devate por ingerir la repulsa del cristianismo y del judaísmo. La inmigración musulmana paulatinamente introducida en diferentes naciones es la primera oleada conquistadora de la empresa espiritual que el Islam tiene misión de acometer; ha de reinstaurar la espiritualidad en Occidente, pero no una espiritualidad cualquiera, sino la que culmina y sobrepasa las otras religiones monoteístas, el Islam, que salvará ese orbe increyente de su decadencia. El Islam es el futuro de Occidente, en especial de Europa, para desechar la crisis que la aqueja.
En España, esta yihat viene a ser una reconquista, la toma de un territorio previamente islamizado que se conciliará en sí mismo, cuando desentierre su raíz islámica, inserta en su cultura. Precisamente, desde los atentados del 11 de marzo, aquí se ha acelerado en el fondo la destrucción de la nación española; no es, desde la perspectiva de las huestes musulmanas, más que el primer paso, la fase experimental del proceso que se aplicará dentro de algún tiempo en el resto de Europa.
Al respecto, ya lo decíamos en el mes de julio: “El complicado y extenso entramado de la yihad neosalafista global se propone el impulso islámico de la juventud musulmana en Europa, la reeducación que combate la integración y suscita la incitación a la yihad, la obtención de fondos y la difusión de consignas islamistas. El ámbito de operaciones yihadistas, como ya expresó el instigador Ben Laden allá por los noventa, no se encuentra limitado por ninguna circunstancia ni esfera geográfica; su idea es conseguir la reunificación política del espacio musulmán en un imperio político islámico: la fundación de un gran califato, cuyo dominio abarcará, desde el extremo occidental del Mediterráneo, hasta los territorios del sudeste asiático”.
Lo ocurrido en Francia no es la revuelta de jóvenes marginales de los suburbios de las ciudades, es una realidad muy distinta; inexplicable sin duda, si no se considera, no ya la marginalidad, sino la componente islámica de estos jóvenes antisistema, anti nuestro sistema. En Inglaterra, se cofeccionaron diversas encuestas tras los atentados del pasado 7 de julio. Resulta que seis de cada diez jóvenes musulmanes encuestados expresaban su firme convencimiento de que es su deber religioso no integrarse en la sociedad que los acoge. Ocho de cada diez defendía la idea de que el gobierno británico debía aceptar que la sharia sea legalmente su código civil y criminal por encima de la ley británica. El problema de la juventud musulmana no reside en la falta de trabajo o en la escasez; su inquietud es el imperativo de su islamismo, la dificultad está en su profundo rechazo de nuestro status social y forma de vida.
Aunque el ministro del interior, N. Sarkozy, continua con su tenaza de firmeza y tolerancia cero frente a los intolerantes, la sociedad francesa ha cobrado miedo ante lo que ve, temor que no se elimina con más concesiones o intentos de asimilación; habida cuenta de que la juventud islámica está más conectada con lo que pasa en las calles de Damasco, Bagdad y Casablanca que con el barrio en el que vive. Forzar la apertura política y religiosa en el mundo árabe sigue siendo un imperativo para el bienestar y prosperidad de esos pueblos y para nuestra propia seguridad. La firmeza en el interior de Europa debe verse acompañada por la democratización del Oriente Medio y del Norte de África. Tal vez ahora, que lo están sufriendo en sus propias carnes, los dirigentes franceses capten el mérito de George Bush al promover esta idea. Lo contrario es apostar por una Europa arabizada, rendida a las fuerzas radicales y fundamentalistas. Europa, si no aviva el seso, será Eurabia.

Camilo Valverde Mudarra
Publicado por CamiloVMUDARRA @ 22:08
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